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Los arqueólogos hallan una bella testa de mármol en ‘Villa Sagrera’

El Periódico de Catalunya
CARLES COLS / Barcelona
  • Un primer análisis induce a pensar que se trata de un Dioniso que decoraba la finca
  • La pieza, inusual en Barcelona, pudo ser tallada en el siglo II después de Cristo
A las seis de la tarde del pasado martes, parece que lamentablemente sin un crescendo de clarines que le diera más emoción al momento, uno de los muchos arqueólogos que se lo pasan pipa en las excavaciones de la villa romana de la Sagrera retiró del fondo de un pozo lleno de escombros lo que creía que era simplemente una roca del tamaño de un melón. Le dio la vuelta y, ¡oh!, allí estaba, cara a cara, frente a lo que parece que es la testa de un Dioniso del siglo II después de Cristo. Un estudio más detallado en el laboratorio permitirá confirmar o no esa suposición. Lo que ya es indiscutible es que acaba de acontecer hace menos de 48 horas uno de los momentos más felices de la arqueología romana de Barcelona. «Ave, Sagrera», puede decirse ante un caso así.



La cabeza de mármol, ayer, exhibida durante unos minutos en la Palau de la Virreina (JOAN PUIG)


Esa cabeza es un tesoro. Primero, porque las piezas escultóricas rescatadas de la antigua Barcino son más bien escasas. En la plaza de Sant Miquel apareció accidentalmente un diosecillo que no está mal. En Hostafrancs, en 1848, unas obras en un solar sacaron a la luz una talla que, nada más verla, era evidente que representaba a Príapo, el del enorme bálano. Otras joyas escultóricas han aparecido en sitios insospechados, pues a menudo fueron utilizadas años ha como material de relleno para la construcción, por ejemplo, de muros y fortificaciones. La cabeza de la Sagrera, ese es un segundo motivo para afirmar que es un tesoro, no está descontextualizada. Ha sido hallada en su casa en una expedición arqueológica perfectamente planificada, lo cual en Barcelona es casi una novedad.


En tercer lugar, sin ánimo de desmerecer a la artesanía local, la testa es realmente bella, puede que de mármol de Carrara o de Pentélico, es decir, un capricho importado en la antigüedad tal vez por el acaudalado dueño de lo que en su tiempo fue un rica villa a las afueras de Barcino.


Ayer fue presentada en público por el concejal de Cultura, Jaume Ciurana, y por la responsable municipal de arqueología, Carme Miró, aún sucia por el barro. Se limpiará con paciencia por si conserva, quién sabe, detalles de policromía. Pero lo que ya se veía a simple vista era mucho. Por el peinado (raya en medio y moldeado en las puntas) ya se le puede buscar un hueco en la cronología de la historia romana. Sobre la frente luce una diadema trenzada realmente muy delicada. Sobre la oreja derecha se adivina lo que parece un racimo de uvas, de ahí que la conjetura inicial es que se trata de Dioniso, tal vez señal de que en Villa Sagrera la vida era a menudo alegre, por decirlo suave.


«Esto no era una villa cualquiera», concluyó ayer con convicción Miró en presencia de la cabeza. La afirmación, en cierto modo, reconforta a quienes lamentaron que en un primer momento la villa fuera menospreciada. Si se confirma que la pieza es del siglo II, el paisaje de la época adquiere mayor enfoque, Barcino, con unos 5.000 habitantes, estaba siendo amurallada por orden del emperador Claudio Aurelio Marco Gótico, es decir, el que mandó decapitar a San Valentín, que no hay que confundir con el que interpretó perfectamente como falso tonto el actor Derek Jacobi en la serie Yo, Claudio . La cuestión es que mientras la ciudad cambiaba de aspecto, un poco más al norte, antes de cruzar el Besòs, había una villa de padre y muy señor mío. Puede que fuera una finca rural, con sus cosechas de esto y de lo otro, pero el dueño tenía buen gusto. Si la pieza es de mármol de Pentélico, tiene el mismo ADN que el Partenón. Si es de Carrara, la pieza está emparentada con el David de Miguel Ángel. Un tesoro, vamos.
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